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SIN DESAFÍOS NO HAY CRECIMIENTO

Sin desafíos no hay crecimiento

Un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, los truenos, 
los relámpagos, son necesarios porque sacuden el alma dentro del trigo.

Crecemos y maduramos gracias a dos fuentes: una contiene todo lo que nos nutre y todo lo que nos dieron. La otra lo que se nos opone y lo que no recibimos.

Cuando aceptamos nuestra vida, tal como es y tal como ha sido, estamos en sintonía con nuestro destino y nos fortalecemos en nuestra vida. Ganamos libertad de cara al presente y al futuro cuando aceptamos la vida tal y como es.

Hay un cuento sufí que ilustra con belleza estas afirmaciones y que se me viene a la mente cada vez que acompaño a alguien que se queja de su “mala suerte”, o que envidia la “suerte” de los demás, olvidándose de sus propias fortalezas, talentos y sabiduría, adquiridas con su experiencia de vida. 

“Oí una parábola antigua. Y debe ser muy antigua, porque en aquellos días Dios acostumbraba a vivir en la tierra. Un día, un viejo campesino fue a verlo y le dijo: “Mira, tú debes ser Dios y debes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte: no eres campesino. No conoces ni siquiera el ABC de la agricultura, tienes algo que aprender”.

Dios dijo: “¿Cuál es tu consejo?”

El granjero contestó: “Dame un año y déjame que las cosas se hagan como yo creo y veamos qué pasa. La pobreza no existirá más”.

Dios aceptó y le concedió al campesino un año. Naturalmente, pidió lo mejor y sólo lo mejor: ni tormentas, ni ventarrones, ni peligros para el grano. Todo fue confortable, cómodo y él era muy feliz.

El trigo crecía altísimo. Cuando quería sol, había sol; cuando quería lluvia, había tanta lluvia como hiciera falta. Ese año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto.

El trigo crecía tan alto que el campesino fue a ver a Dios y le dijo: “¡Mira! Este año tendremos tanto grano, que aún si la gente no trabaja en diez años, aun así tendremos comida suficiente”.

Pero cuando se recogió la cosecha, los granos estaban vacíos. El granjero se sorprendió. Le preguntó a Dios: “¿Cuál ha sido el error? ¿Qué ha pasado?”

Dios dijo: “Como no hubo desafío, no hubo conflicto ni fricción, como tú evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente. Un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios porque sacuden el alma dentro del trigo”.

Aceptación, Agradecimiento, Desarrollo personal, Psicoterapia